Artículos bajo ‘consejos’

Los 10 conceptos básicos de productividad que he aprendido en un año (del 1º al 4º):

Tras un año de empezar a conocer algunos sistemas de productividad, intentar implementarlos y fallar estrepitosamente; he empezado a reconocer los procesos que mejor funcionan para mi. Actualmente utilizo un sistema muy simplificado, rápido y sencillo. Basado en Zen to Done ( ZTD ) de Leo Babauta, una simplificación del GTD de David Allen.

En estos artículos intento ofrecer los conceptos de productividad más significativos para mi. Quiero destacar que estas indicaciones son las que mejor funcionan en mi propio caso, y son las que intento seguir para desarrollar mi propia actividad.

A continuación los cuatro primeros:

1. Utiliza un sistema de productividad que te sirva

Cuando llegas de algún modo a intentar aprender y aplicar sistemas de productividad puede que te topes con los sistemas más desarrollados. Métodos con millones de indicaciones de como actuar y planificar cada aspecto de nuestro trabajo o las diferentes tareas. Con un gran número de fases diferentes que requieren de muchos procedimientos que completar. Primero recolectar, organizar, procesar; después planificar, hacer, revisar, etc. Y todo ello con un grado más o menos alto de sofisticación que consume una gran cantidad de tiempo.

Al empezar con un sistema de estas características, llegaba a la conclusión de que simplemente no funcionaba para mi. Pasaba muchos minutos realizando cada fase para no obtener un beneficio claro, más tiempo “organizando” que “haciendo”. Más adelante descubrí Zen to Done, un sistema que con la base del Getting things Done, lo reducía y adaptaba a personas que no necesitaran de un método tan complejo. Justo lo que necesitaba, reducir los procesos para adaptar a mi poco volumen de “áreas” de trabajos diferentes.

Tras un tiempo mi sistema quedó reducido a solo cuatro fases más amplias:

  • 1. Recopilar

    Unificar toda la entrada de información en las mínimas “bandejas de entrada” posibles. Una física, todo el correo electrónico en la misma cuenta, todas las notas en Evernote, y todos los archivos en Dropbox

  • 2. Organizar

    Decidir de forma ágil que hacer con cada tarea, nota u objeto que estén en las bandejas: desecharlo, archivarlo, hacerlo, delegarlo, o programarlo.

  • 3. Hacer

    Esta es la única fase de que debería haber en realidad, las demás son solo para gestionarla. Hacer una cosa a la vez, sin distracciones y de principio a fin.

  • 4. Revisar

    Comprobar que estás recopilando todo, que te organizas correctamente, que haces lo que te propones. En definitiva que el sistema te funciona y mejorarlo.

2. Gestiona tus diferentes áreas como un todo

Puede que algunas personas necesiten de técnicas más desarrolladas por el volumen de tareas y sectores diferentes que tienen que gestionar. En mi caso distingo tan solo 4 ramos de actividades: trabajo, colaboraciones, proyectos personales y vida personal. Y además no suelo trabajar en más de dos o tres proyectos de a la vez incluyendo las diferentes áreas aunque tenga muchos “guardados para luego”. Soy un trabajador autónomo y la mayoría de días mi actividad está en mi propio estudio y sin requerimientos de horario.

Por lo tanto he encontrado que lo más provechoso es gestionar estas cuatro áreas como una sola y repartir mi tiempo teniendo en cuenta todas mis actividades.

Esto puede no servir para todo el mundo. La persona que tenga más volumen de actividades o sectores diferentes, puede querer separarlos y tratarlos con especificaciones diferentes para cada proceso. El que tenga un horario definido de trabajo puede separar perfectamente la gestión de la actividad profesional de la de su vida personal

3. Recopila toda la información rapidamente y sácala de tu cabeza

Siempre llevo conmigo algún elemento para recopilar notas, tareas, citas o contactos. Usualmente es mi teléfono con Evernote, pero sin duda el método más rápido y confiable sigue siendo el lápiz y papel, una pequeña libreta a la que se le puedan arrancar las hojas para dejarlas en tu bandeja de entrada física. Sentado delante del ordenador llevo todo a Evernote, notas, artículos para leer después, tareas, etc.

El cerebro humano es malvado o disperso por naturaleza y te recuerda que debes comprar pan en medio de una reunión de trabajo. Después en casa te recordará algún correo que tienes que escribir a un cliente. Saca esa información de tu cabeza inmediatamente y continua con la actividad. Si te va a llevar menos de dos minutos, es decir si no te interrumpe hazla directamente.

Esta fase del método es muy sencilla de implementar con un poco de esfuerzo. Cuando empecé con la productividad pensaba que perdería muchas cosas por el camino y que no lograría acostumbrarme a esta parte fácilmente. Pero en pocas semanas el sistema fluye solo y te das cuenta de que estás recogiendo toda la información sin interrumpir ninguna de tus tareas. Y que no estás dejando nada de lado.

4. Organízate con decisiones rápidas y priorizando la sencillez

Identifica las tareas y proyectos más destacados y dales prioridad absoluta. En mi caso programo dos o tres proyectos por semana y dos o tres tareas principales al día. Y me centro en ellas, les otorgo la máxima prioridad, les reservo las partes del día en las que tengo más energía. Así cuando acabo puedo trabajar actividades más sencillas o que no tengan tanta importancia. O descansar, practicar deporte o leer porque ya tengo mis tareas importantes hechas.

En mi propio caso distribuyo toda la actividad en solo tres listas: tareas que debo hacer, cosas que haré si me sobra tiempo y ideas para guardar. La primera debe cumplirse así que es importante aislar lo realmente destacado, y meter en la segunda todo aquello que aunque lo parezca, no lo es.

También he comprendido en este tiempo que no puedo hacer todo lo que quisiera o me gustaría. He intentado aprender a decir que no y a desechar actividades que no me aportan más beneficios que las que ya tengo. Es triste dejar de lado un proyecto interesante, no poder trabajar en algo que te gustaría. Pero es mejor hacer una cosa completa que dos a medias. He aprendido a valorar el hacer menos pero sin ir con la lengua fuera.

Dentro de muy poco completaremos el resto de conceptos con otros artículos. Si quieres profundizar en productividad te recomiendo especialmente el método y el blog de Leo Babauta en inglés: Zen Habits, y la traducción al español.

Puedes ver el segundo con tres más aquí.

Y el final con los tres últimos aquí.

Agilizar el inicio de Windows

Atención: Modificar el inicio de Windows puede provocar que alguno de tus programas o periféricos no funcionen correctamente, consulta antes de hacer cualquier modificación, bajo tu responsabilidad; y si dudas, no lo hagas.

Tras una instalación de Windows y con el paso del tiempo el sistema se va realentizando y disponiendo de menos recursos debido a la carga en el inicio de pequeños programas instalados por los periféricos o el software que tengamos. Deshacerse de los que no utilizamos o necesitamos acelerará el proceso de carga del sistema y ampliará los recursos disponibles.

Voy a utilizar ejemplos de Windows 7, el sistema operativo con el que trabajo actualmente en mi máquina, pero son facilmente adaptables a los SO más antiguos de Microsoft.

Nota: Si todavía permaneces con Windows Vista y puedes dar el salto al nuevo sistema no lo dudes, la mejora en la estabilidad y el rendimiento es notable, sobre todo si trabajas con vídeo digital o programas que necesiten de mucha máquina como Photoshop o Autocad.

La idea para acelerar el arranque de nuestro sistema Windows es no cargar aquellos programas, sevicios y procesos que no utilizamos. Cuando instalamos la mayoría de software que corre habitualmente en nuestro ordenador, éste incluye a su vez un complemento que se carga al inicio del sistema. El iTunes, Quicktime o el reproductor Real Media tienen un cargador, el software de la casa Adobe (Reader, Flash, los de Creative Suite) incluyen servicios de actualización, tu antivirus se carga nada más arrancar Windows, etc.

El primer paso para agilizar el arranque de Windows es desinstalar los programas que no utilizas, que pueden estar cargando el sistema. Inicio >> Panel de control >> Programas >> Desinstalar un programa. (Mi windows está en catalán no te preocupes si no coinciden algunos textos)

Desinstalando un programa en Windows 7

¿Que podemos configurar para que se cargue y que no?

Aquí es dónde deberemos hacer un poco de investigación. Algunos procesos tienen un nombre lo bastante claro como para decidirlo, pero otros serán más difíciles de identificar. Asegúrate de que no necesitas lo que desconectas.

En mi caso; un equipo de sobremesa que utilizo para editar vídeo, correo electrónico, navegar y poco más; no necesito cargar al inicio nada más que el antivirus, el controlador de la tarjeta gráfica y unos cargadores de mi software de edición de vídeo y fotografía.

Pero ojo: muchos periféricos necesitan algún tipo de carga para funcionar, tarjetas gráficas, webcams, y sobre todo en los equipos portátiles: adaptadores wifi, trackpads e incluso teclados.

Al grano, ¿cómo puedo quitar todos éstos procesos?

El propio Windows tiene una forma, no muy obvia, de acceder a la lista de programas y servicios que cargan al inicio:

Accede Inicio >> ejecutar, o pulsa la combinación de teclas WIN+R (Windows + Run, ejecutar )

En el cuadro de diálogo que aparece, introduce el texto “msconfig” sin las comillas y pulsa intro.

Teclea msconfig en el cuadro de diálogo ejecutar

En Windows 7 aparece la ventana “Configuración del sistema” con 5 pestañas: General, Arranque, Servicios, Inicio de Windows y Herramientas. Accede a la pestaña Inicio de Windows y puedes comprobar en la lista los programas que se cargan actualmente, para quitar alguno deselecciona su casilla.

Ventana configuración del sistema

Para decidir cuales quitar: si lees que pertenece a algún programa que utilizas, lo recomendable es dejarlo, pero por ejemplo yo no dejo los cargadores o las actualizaciones de los reproductores de vídeo aunque los utilice asiduamente. Si no sabes exactamente que hace cada programa, “googléalo” o consulta en la web www.processlibrary.com que es específica para ésto.

Cuando acabes el sistema te pedirá si quieres reiniciarlo para aplicar los cambios. Cuando lo hagas por primera vez te aparecerá un mensaje recordándote que has cambiado ésta configuración. Si algún periférico o programa deja de funcionar simplemente vuelve a seleccionar la casilla de su proceso en el inicio y reinicia el sistema. Si todo falla puedes entrar a Windows en el modo a prueba de fallos (pulsando F8 mientras se carga) y revertir los cambios.

Otra opción que personalmente utilizo porque me aporta otros añadidos es utilizar el programa Ccleaner que tiene una sección para configurar el inicio de Windows. Accede a Ccleaner >> Herramientas >> Inicio y desactiva o borra lo que no necesities; ojo con borrar algo importante. Más adelante hablaré de éste magnífico soft lleno de utilidades para el mantenimiento del PC.

Inicio en Ccleaner

Puedes descargar Ccleaner y saber más en la web de Piriform (eng).

¿Vas a utilizar éstos consejos? ¿Ya los conocías? Puedes compartir tu opinión y experiencias en los comentarios.

Conceptos básicos de productividad

Desde siempre recuerdo días en los que “no he avanzado nada” o “no me ha cundido mi trabajo”. Proyectos en los que he tenido que invertir muchas más horas de las necesarias y esfuerzos extras para llegar a las fechas de entrega. Al empezar a consultar diversas fuentes para intentar mejorar mi productividad, he recopilado los principios en los que se basan la mayoría de métodos o enseñanzas.

Con una buena adecuación del espacio físico es más fácil concentrarse en la tarea.

Escritorio despejado

Existen métodos completísimos con procesos a adaptar para no dejar escapar ninguna tarea importante, pero a alguien que se acerca por primera vez a la productividad puede que le sean útiles éstos conceptos básicos.

Organización:

Paso algunos minutos preparando el terreno para enfocar correctamente el inicio de las tareas. Si tengo una visión general de las necesidades que me surgirán puedo preverlas y realizarlas en una secuencia correlativa. Si necesito consultar alguna web mientras escribo éste artículo, abriré el navegador y el procesador de textos.

Ésto también lo aplico a los períodos más largos de trabajo. Al principio y al final de mi semana o mi jornada laboral, dedico unos minutos a prever necesidades y repasar objetivos.

Motivación:

¿Para qué estoy realizando ésta tarea? Nada me ha empujado más a trabajar en algo que interiorizar su finalidad. Estoy escribiendo éste artículo para conocer los métodos que me ayudan a ser más productivo. Y cuando un diseño o la edición de un vídeo se ralentiza, recuerdo la satisfacción que obtengo de su creatividad y la utilidad para mi cliente, y continuo trabajando.

Puedes estar intentando mejorar tu productividad en tu trabajo, recuerda que al final de mes tienes una recompensa. Puedes pagar la hipoteca de la casa en la que vives con tu familia. O salir con tu novio a cenar. Si estás realizando una tarea creativa, disfruta el proceso adelantando la satisfacción que sentirás cuando utilices tu diseño, cuando invites a leer tu texto a tus compañeros, o cuando muestres las fotografías de tus vacaciones retocadas y organizadas.

Si mi mesa termina así el día intento organizarla para el siguiente.

Escritorio conflictivo.

Espacio físico:

Antes de empezar y al finalizar mi jornada laboral ordeno todo mi espacio de trabajo. Y he organizado el estudio para sentirme cómodo mientras estoy realizando alguna tarea. Prueba a trabajar en el ordenador más de media hora, sentado en una silla demasiado baja o con reflejos en tu pantalla.

Intento mantener mi estudio con los mínimos elementos necesarios. Tengo un escritorio, una estantería, una silla y el ordenador. Aparto los elementos que no voy a utilizar inmediatamente para que no me despisten ni molesten. Archivo los de trabajos terminados lo más rápido posible. Un consejo rápido: ten cerca lo que utilizas y muy lejos lo que no.

En mi caso es muy importante la ergonomía, tengo una silla cómoda pero que mantiene mi espalda recta. Mi escritorio está a la altura adecuada para la posición de mis brazos sobre el teclado. Tener una pantalla de un tamaño considerable mejora tu flujo de trabajo, puedes tener las ventanas necesarias abiertas.

He obviado todos los elementos que me distraen, pósters, libros, fetiches, etc. Para completar mi “ambiente” utilizo una música más o menos suave según la tarea que esté realizando o la parte del proceso. Intento trabajar cómodo pero no relajado. Lo único “poco útil a priori” que me interrumpe es el recordatorio de mi motivación, en mi caso, una fotografía.

Evito las interrupciones:

Necesitamos de un lapso de tiempo para enfocarnos en las tareas. Cuando llevo unos minutos trabajando, el proceso se acelera y “fluye” con más naturalidad. Ésto es así con todas las tareas que conllevan cierta dificultad. Avanzo más en mi tarea con un lapso de una hora seguida que con 100 de cinco minutos.

Aparto el móvil, cierro el correo, el twitter y aviso a mi compañera de que voy a iniciar mi trabajo. Éste aspecto es muy sensible si trabajas en tu propio hogar. Establece unos turnos con tu mujer, novio, compañeros de piso, etc: háblalo sosegadamente con ellos. Un truco rápido: cierra la puerta de tu estudio. Éste elemento físico actúa de barrera psicológica. Sepárate de las tareas domésticas mientras trabajas. ¿Tienes que hacer la cama? Hazla antes o después de trabajar. Nunca durante.

Si estás intentando trabajar en una oficina, invita a tu compañero que acaba de llegar a contarte la película que vio anoche que lo haga en la pausa para el café.

Descanso:

Tanto para el aspecto físico como para el mental, es necesario interrumpir las tareas para recuperarte. Yo intento adaptar mis descansos a las tareas que estoy realizando. Parto de la base de diez minutos de descanso a la hora, pero si hago varias tareas cortas realizo más interrupciones pero más cortas. Si tengo una tarea compleja en la que estoy avanzando satisfactoriamente, retraso mi parada pero la hago más larga.

Recupera aliento si estás haciendo una tarea física, despeja tu mente si llevas un tiempo escribiendo o diseñando. Fíjate en tus propias condiciones. ¿Que te sirve mejor?. Puedes monitorizar tus periodos de trabajo e incluso anotarlos para llevar un mínimo control. Cuando lleves un tiempo considerando tus propias características, podrás optimizar tus intervalos entre trabajo y descanso.

Lo más importante de todo, disfruto del proceso:

Me gusta editar vídeo, elegir el plano adecuado que mantenga la estructura narrativa de la historia que queremos contar. Me encanta diseñar un vídeo que comunique las virtudes del producto que fabrica mi cliente. Disfruto de verdad cuando me felicitan por una fotografía que enseña un instante interesante.

Si trabajas en lo que quieres, enhorabuena. Recuérdalo a menudo, disfruta de los procesos, recuerda tus éxitos. Si trabajas “para comer”, intenta también buscar los aspectos que te agradan, y si no los encuentras, recuerda la recompensa.

A modo de resumen: prevé tus necesidades, trabaja cómodo, evita las interrupciones, descansa a menudo, recuerda tu motivación y disfruta del proceso.

Poco a poco iremos profundizando más en las técnicas y procesos para mejorar la productividad, el próximo artículo por ejemplo, versará sobre la técnica “pomodoro”; que te “obliga” a enfocarte en periodos de tiempo y alternarlos con descansos cortos.

Para saber más:
Existen miles de blogs y webs con material sobre productividad. Uno destacado y en castellano es “El Canasto” de Jeroen Sangers, donde encontraras múltiples consejos y técnicas. Tambien el podcast “Dos minutos de productividad”

¿Has empezado a utilizar algún método de productividad? ¿Te han servido éstos o otros consejos?